La subida de las temperaturas dentro de una década podría frustrar la candidatura de Barcelona para los JJOO de invierno
El alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, ha anunciado la propuesta de unos Juegos Olímpicos de invierno en la capital catalana, para 2022. Sería una candidatura compartida entre Barcelona, para modalidades de interior, y estaciones de esquí de los Pirineos (como La Molina), para exteriores. En el informe del Ayuntamiento se analizan las implicaciones económicas del proyecto pero, sin embargo, no hay una sola mención a la viabilidad climatológica del mismo. Según algunos estudios, de aquí a 2022, el cambio climático podría dejar su huella en las montañas catalanas y dificultar la realización de estos juegos en Cataluña.
Según un informe del Grupo de Expertos en Cambio Climático de Catalunya, la temperatura de la región ha aumentado a un orden 0,20 ºC por año, desde 1960. En el día de hoy, la temperatura máxima de La Molina es de 5ºC, y la mínima es de -1ºC. Por lo que dentro de diez años, la temperatura máxima de un día similar al de hoy podría rondar grosso modo los 7ºC, y la mínima +1ºC. En el libro “Suarem!”(2008), del Estudio Ramón Folch, se dice que el turismo de nieve en cotas inferiores a los 2.000 metros podría desparecer. Y, por encima de esta altura, sólo podría mantenerse gracias al uso de nieve artificial. Boí Taüll es la única estación del pirineo catalán que cumple este requisito. El resto de estaciones se encuentran a una altura de 1.800 metros. Más allá de Cataluña, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económica (OCDE) señala, en un informe de 2007 del economista Shardul Agrawala, que las estaciones de esquí de los Alpes situadas en una cota inferior a los 1500 metros serían inviables para el año 2025.
Ahora, en los Juegos Olímpicos de Vancouver, cientos de camiones y helicópteros llevan toneladas de nieve de las cimas de las montañas hacia las zonas de baja altitud. Además, 35 cañones de nieve artificial –con una capacidad de 23 millones de litros- están funcionando a pleno rendimiento para que asegurar los Juegos. No parece suficiente: la montaña Cypress Mountain –en la que únicamente se utiliza nieve artificial- ha tenido que cerrar en más de una ocasión, tras alcanzar máximos de 12ºC. A esas temperaturas, la nieve artificial también se derrite. Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), ha dicho desde Cypress Mountain: “De aquí en adelante, para atribuir los Juegos, analizaremos las estadísticas de nieve de los candidatos. Las condiciones meteorológicas locales, pero también las posibilidades de paliar la falta de nieve, que puede ser con la fabricación de nieve artificial o mediante transporte”. Aunque la temperatura de un lugar dependa de muchos factores, uno de los principales es su latitud. Vancouver se encuentra a 49º de latitud, mientras que Barcelona está ocho grados por debajo, más cerca del ecuador, a 41º.
Una propuesta poco sostenible
Aunque quizás las causas no estén del todo claras, es innegable que el cambio climático es una realidad. La temperatura mundial aumenta año tras año, afectando directa o indirectamente a todas las economías en un sentido u otro. Cataluña no es una excepción. Según algunos estudios, hay pistas de esquí del Pirineo catalán que podrían desaparecer a lo largo de este siglo. Eso es lo que apuntan las mediciones recogidas hasta ahora, aunque con certeza absoluta es imposible determinar si finalmente ocurrirá, o cuándo pasará. El futuro siempre tiene un grado de incertidumbre.
Lo que sí parece más claro es que si finalmente los Juegos son realizables en Cataluña, aunque sea con nieve artificial, no serán precisamente ecológicos. La situación actual de Vancouver no empuja al optimismo, pues helicópteros y camiones transportando nieve no son un buen ejemplo de sostenibilidad. No parece entonces que tampoco vayan a serlo unos juegos en Barcelona, en una latitud inferior y una temperatura aumentada a causa del cambio climático dentro de una década.
Quizás lo que resulta más sorprendente es que, en un contexto global de cada vez mayor concienciación sobre el cambio climático, el Ayuntamiento no haya tenido en cuenta estos factores. En su primer informe sobre la posible candidatura a los Juegos de invierno, no hay ninguna mención al impacto medioambiental de los mismos o, peor aún, si tan siquiera habrá nieve disponible dentro de diez años para que puedan realizarse.
Sergio Uceda
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