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L’immigrant, un ens aliè

El passat dijous 29 d’abril, el Telenotícies migdia de TV3 va obrir amb la següent noticia: “La població estrangera a Catalunya ha deixat de créixer de cop”. I com a subtítol: “La immigració frena en sec”. La segona notícia del sumari és la votació del Parlament per demanar la renovació del Constitucional. Desprès del sumari, quan s’entra a la notícia de la immigració, s’argumenta que la crisi econòmica i l’enduriment de la llei d’estrangeria són les causes d’aquesta disminució. S’afegeix que alguns llatinoamericans han tornat als seus països d’origen i que el nombre de romanesos i marroquins continua augmentant. Tots els plànols son de persones amb trets propis de l’Àfrica, Amèrica o Àsia. En total, es parla sobre els estrangers 2 minuts 55 segons (la durada del TN és d’una hora). La notícia es basa en la publicació del padró del 2010, segons diuen.

El mateix dia, el Telediario de TVE va obrir amb “Día de subida en las principales bolsas europeas”. La tercera notícia del sumari és la votació del Parlament. No és fins la sisena notícia (2:45) quan es fa referència a les dades del padró. Tanmateix, s’agafa d’una altra manera i el titular és “España tiene casi 47 millones de habitantes. El 12% son extranjeros”. Aparèixen molts plànols de gent caminant i –només- un destacant a una senyora portant un vel. Es comenta que van venir més “inmigrantes comunitarios” i han baixat els “no comunitarios, sobre todo iberoamericanos”.

Quan s’entra a la notícia (38:45), s’informa que las dades són del “Instituto Nacional de Estadística”, cosa que per cert no es deia al TN. És parla de l’augment de la població a Espanya i, molt breument, es diu que 5.700.000 persones son estrangeres, la meitat d’aquestes són europees i que hi ha més homes que dones entre els estrangers. Desprès es parla de les persones grans i s’aprofundeix en això. Sobre els estrangers es parla exactament 15 segons (el TD té una durada d’una hora).

El que objectivament podem extreure és que per TVE les dades relatives a l’augment o disminució de la població immigrada són completament secundàries. Li dedica un 0.5% del temps. Per TV3, en canvi, és el tema principal del dia i li dedica un 5% de temps (10 vegades més). Veiem també que TVE parla d’immigrants comunitaris, extracomunitaris, europeus i iberoamericans. TV3 diferencia immigrants marroquins, romanesos i llatinoamericans. No és el mateix dir comunitari o europeu que romanès.

Com a comentari personal, si la jerarquia de TV3 obeeix a la polèmica del PP de Badalona i espera que l’espectador reaccioni amb un “Per fi això de la immigració comença a baixar”, no crec que sigui la manera més adient de respondre. Reduir l’immigrant a xifres i economia no és una pràctica gaire integradora. Torna a tractar-se a l’immigrant com a un ens aliè a l’espectador, que sempre es suposa no immigrat. En tres minuts parlant sobre immigració no veiem cap immigrant parlant directament a càmera.

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ACTUALITZACIÓ (09/05/10)

Al Telenotícies migdia del 4 de maig es va tractar una altra vegada la davallada de la immigració a Catalunya. Aquesta vegada sí ens presenten les històries d’algunes d’aquestes persones que marxen d’Espanya i d’altres que es queden. Li dediquen 3 minuts, tot i que es fa 5 dies després de la primera notícia i al minut 18. Però més val tard que mai.

(Arrossegar fins 17:55)

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Subrayado hoy, 07/04

- Las gitanas, motor de cambio – webislam.com

"La mujer gitana sufre tres discriminaciones diferentes", denuncia Manuela Fernández, miembro la asociación de mujeres gitanas Drom Kotar Mestipen de Barcelona, "es discriminada en primer lugar por el hecho de ser mujer, después por ser gitana y por último, porque tradicionalmente no ha accedido a la educación y no tiene formación académica", añade. Uno de los objetivos de la asociación catalana Drom Kotar Mestipen, en la cual participan mujeres de diferentes etnias y edades, está el conseguir el éxito educativo de las niñas gitanas ya que "la educación es una de las vías más importantes para la superación de su exclusión social y económica".

Guardado a las 00:08, en Delicious.

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La nueva discriminación cultural

En España, cada vez es más habitual ver algunos de nuestros vecinos portando velos islámicos (o hiyabs). Según la ciudad o barrio donde se viva, es algo muy cotidiano. Para la mayoría de los ciudadanos españoles previamente establecidos, el Islam es algo novedoso y, por ende, extraño. Y a menudo lo desconocido causa temor (fundado o no). Así que resulta inevitable que esto acabe canalizándose políticamente de alguna forma. Por ejemplo, en Cataluña, ha surgido un partido llamado Plataforma per Catalunya (PxC) que tiene, al parecer, posibilidades de entrar en el Parlament en las próximas elecciones catalanas. Este partido tiene entre sus prioridades la lucha contra la inmigración musulmana. De su programa:

5.2- PxC no se opone a la inmigración, pero sí a la instalación de inmigrantes musulmanes en nuestro país, fenómeno que puede suponer a largo plazo una clara amenaza para nuestra cultura, ya que entendemos que el Islam y en concreto la sharia (ley islámica), comporta elementos ideológicos de rechazo a los Derechos Humanos y, por consiguiente, no podemos tolerar que esta forma reaccionaria de religión y política adquiera preponderancia en nuestra tierra.

5.7- PxC fomentará la repatriación de la población islámica y a tal efecto propondrá las correspondientes reformas legales y constitucionales para retirar la nacionalidad y reducir la presencia islámica en nuestra tierra hasta niveles que el pueblo catalán considere tolerables.

El partido, que tiene cuatro regidores en el Ayuntamiento de Vic, fue uno de los impulsores de una propuesta -frustrada pero secundada por el alcalde- para impedir en la ciudad el empadronamiento de residentes sin papeles. Lo que les impediría el uso de servicios sociales tales como la sanidad o la educación pública.

En este vídeo, el líder de PxC, Josep Anglada dice que “invita a los musulmanes a que se vayan de Europa“.

La corrección política tiende a menudo en estos casos a intentar acallar las voces críticas que puedan agitar el orden social. Sin embargo, según una encuesta de El Periódico de Catalunya, el recelo ciudadano hacia la inmigración es, al parecer, mayoritario. Y sin ir más lejos, legalmente, una parte de la inmigración ya se trata de forma discriminatoria respecto a los ciudadanos autóctonos. Según la Ley de Extranjería, es una infracción grave “encontrarse irregularmente en territorio español”. Y el castigo es la multa o la expulsión de España de estas personas. Además, antes de ser expulsada, la ley contempla que se les pueda privar de su libertad en unas especies de cárceles llamadas Centros de Internamiento, donde pueden estar -según la ley- hasta 60 días, unos dos meses. Las condiciones de estos centros no son demasiado buenas según denuncian algunas personas.

La diferencia fundamental entre Anglada y la Ley de Extranjería es la distinción legal que se hace, más allá de inmigrante europeo y no europeo, entre inmigrante musulmán y no musulmán. Es decir, que mientras la ley vigente trata de forma discriminatoria a unas personas de un determinado origen por razones, en principio, económicas, partidos como el de Anglada discriminan por razones de tipo más cultural, tal y como indica el propio programa.

5.4- PxC fijará las cuotas de procedencia ateniéndose a criterios de proximidad cultural, no geográfica, pero en cualquier caso reducirá el volumen global del flujo [...].

5.3- PxC propone, en cualquier caso, una alternativa a la actual política de inmigración que fije cuotas de procedencia y reduzca a cero el contingente islámico. PxC no permitirá en ningún caso una afluencia incontrolada de extranjeros mientras tengamos la posibilidad de cubrir las necesidades con ciudadanos autóctonos, comunitarios europeos y de los países del este, o en cualquier caso de aquellos de América Latina con los cuales hemos tenido relaciones históricas y a los que hemos aportado nuestra cultura, tradiciones y principios morales cristianos.

3.- Los inmigrantes, para obtener los papeles, deberán superar un examen de conocimientos de la cultura y costumbres catalanas así como demostrar conocimientos del idioma de nuestro país para poder obtener los necesarios permisos para su estancia. Antes de pisar tierra catalana habrán de conocer nuestra lengua, costumbres, cultura y principios legales básicos del estado de derecho. Los aspirantes a entrar habrán de seguir este curso y pasar las pruebas en origen.

Los filtros culturales no son nuevos en Europa y en Cataluña, la coalición conservadora y nacionalista Convergència i Unió (CiU) ha propuesto en varias ocasiones la posibilidad de un carnet por puntos para inmigrantes. Se defiende que el objetivo es la integración, pero cuando se utiliza la palabra integración, se parte del principio de que la parte (el inmigrante) debe asumir el todo (las costumbres culturales mayoritarias de la sociedad que le acoge). Es decir, no se trata una integración mutua sino parcial, tal y como Plataforma explicita.

5.5- Los inmigrantes tienen sus derechos y deberes, pero nunca disfrutarán de más privilegios que el resto de ciudadanos, para no incurrir en la discriminación de los ciudadanos autóctonos. Los inmigrantes se han de adaptar a nuestro modelo de sociedad y no nosotros al suyo. Haremos cumplir las leyes de nuestro país a los inmigrantes, igual, ni más ni menos, que a cualquier otro ciudadano.

Uno de los pilares fundamentales en la integración parcial es el de la lengua. En materia lingüística tampoco son nuevas las leyes que intentan defender lenguas autóctonas frente a movimientos migratorios. Sin ir más lejos, en 1998, con CiU en el Gobierno catalán, se aprobó la aún vigente Ley de Política Lingüística, que obliga a -entre otras cosas- escribir los rótulos de las tiendas en, al menos, catalán, la lengua propia de Cataluña según establece esta misma ley así como el Estatut de 1979. Por lo que podría considerarse un principio de discriminación cultural, aunque muy distante de las tésis defendidas por Anglada. Ya que en el caso de Plataforma se discrimina irreversiblemente por pertenecer a un colectivo, en este caso el musulmán. Y el conocimiento o uso de una lengua es accesible a cualquier persona, independientemente del colectivo al que pertenezca.

Entendemos que el Islam y en concreto la sharia (ley islámica), comporta elementos ideológicos de rechazo a los Derechos Humanos.

Pero resulta evidente que crear una ley específica para la sharia es innecesario, ya que la violación de derechos humanos por parte de cualquier residende español atenta contra la ley fundamental, la Constitución de 1978. Ley que debe ser respetada por todos sin distinción. Por tanto, determinadas prácticas ya están condenadas por la ley y crear leyes específicas estigmatizaría a un colectivo que alberga diferentes sensibilidades y formas de entender la religión.

Podría parecer que el antisemitismo de ayer se ha convertido en la islamofobia de hoy, lo que podría hacer temer una reedición de la noche de los cristales rotos. Sea o no adecuada la comparación, la realidad es que el Islam, o la forma en la que algunas personas lo practican, produce algunas fricciones en la integración mutua entre musulmanes y no musulmanes. No se puede obviar el machismo existente en algunas sociedades musulmanas. Y de forma más general, en Internet son conocidas, por ejemplo, las críticas a las sociedades islámicas de la siria nacionalizada estadounidense Wafa Sultán.

Es verdad que quizás algunos de nuestros vecinos musulmanes proceden de sociedades donde no se respetan fielmente los derechos humanos. La propia sharia es muy difícilmente compatible con la legislación de la mayoría de países occidentales. Sin embargo, la sharia no es la interpretación única del Islam, como -contrariamente a lo que creen algunos musulmanes- la Inquisición o las cruzadas no representan a todo el catolicismo. La integración mutua puede ser una oportunidad para que en Europa pueda desarrollarse un Islam moderno, y sólido, que no sea de ningún modo incompatible con los derechos humanos. Un Islam que además podría llegar a influir en la mejora de derechos de algunas de esas sociedades de origen.

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Fiestas de la Cataluña de hoy

El día de Andalucía reúne en Hospitalet de Llobregat (Barcelona) a parte de una sociedad catalana surgida tras un siglo de inmigración

“Los catalanes teníamos miedo de los andaluces”, decía el párroco Enric Canet desde el escenario del recinto de La Farga, en l’Hospitalet de Llobregat. “No sin cierta vergüenza, he de reconocer que en los 70, cuando visité al barrio de Pubilla Casas [de Hospitalet], estaba preocupado por lo que me pudiera pasar”. Y, casi disculpándose, confesó: “Para nosotros [los catalanes], los andaluces eran los delincuentes”. Al decir esto, se produjo un murmullo entre el público. “Por eso, no he podido evitar emocionarme al ver las banderas de Andalucía y Catalunya juntas”. Minutos antes, una colla de castellers de la ciudad había desplegado sendas banderas desde las cumbres de dos torres humanas. El público se levantó y aplaudió efusivamente el gesto. Era aquel el día de Andalucía, el 28 de febrero, y su celebración en Hospitalet, una de las ciudades de Catalunya que más había crecido con la inmigración procedente de fuera de la región.

Castellers en el día de Andalucía // foto de Ramón Costa, publicada en elpais.com (Yo, periodista)

Hace un siglo, en 1912, un obrero español inmigrado a Cataluña decía a un periodista francés: “Los catalanes no quieren hablar con nosotros. Se reúnen en grupos aparte, para hablar o comer. Dicen que les quitamos el pan”. Así lo transcribió Jacques Valdour, católico francés, en su obra “El obrero español”.  Pero en 1910 la inmigración en Catalunya sólo representaba un 5%. Insignificante si es comparada con la de 1930, que ya era de un 20%.  En 1970, la cifra se sitúa en el 40%, siendo Andalucía la comunidad que más aportó. Sin embargo, estos datos sólo tienen en cuenta a los nacidos fuera de Cataluña, y no a la segunda generación de inmigrantes, sus hijos. La imagen demográfica no resulta completa. Es más revelador conocer que los catalanohablantes representaban el 45% de la población de 1975.  No es de extrañar entonces que las repercusiones de los movimientos demográficos no pasaran desapercibidas para el Gobierno franquista. El Ministerio de Información y Turismo de Manuel Fraga hablaba, en 1968, de “una castellanización por debajo, progresiva y constante, acompasada al ritmo expansivo de la industria e impulsada por diferentes índices de natalidad”.

Algunos ya se habían sentido amenazados antes por estos movimientos demográficos. Josep Vandellós escribió en 1935 que “el aumento de la inmigración puede cambiar la composición racial de nuestra tierra” y se quejaba de que, como Cataluña no tiene fronteras físicas, “no podemos hacer como otros países, que las cierran cuando les conviene y efectúan expulsiones más o menos disimuladas de trabajadores extranjeros en tiempos de crisis”. Y conjeturaba que “en 1965 nos podríamos encontrar con una población no catalana que representará la mitad de Cataluña”. La predicción no parece desacertada. Aunque todo depende de qué se entienda por “población catalana” y, en consecuencia, quién pertenece a ella y quién queda excluido. En 1958, en la obra “La immigració, problema i esperança de Catalunya”, el ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, lo definió así: “catalán es todo hombre que vive y trabaja en Catalunya, y hace de ésta su hogar”, y puntualiza que “excepto el que viene con prejuicios anticatalanes, el inmigrante, en principio, es un catalán”.  La afirmación, sin embargo, parece diluirse cuando se extiende a una escala mayor: “somos contrarios al hecho de que como consecuencia de la inmigración, quede rota la unidad de Catalunya, o que Catalunya desaparezca como pueblo”.

En realidad, muchos autores asocian la catalanidad sencillamente al uso del catalán. Jordi Pujol, en la misma obra antes citada, dice que “un hombre que habla catalán, y habla en catalán a sus hijos, es ya de por sí un catalán de soca i arrel”. Aunque Vandellós opina de forma distinta. Los descendientes de inmigrantes nacidos en Cataluña, incluso aquellos que hablan perfectamente la lengua y “podrían parecer catalanes”, tienen “ciertas manifestaciones discordantes que nos hacen dudar de su catalanidad”. Por eso Vandellós se muestra reticente a la asimilación de la inmigración dentro del movimiento catalanista, ya que “la Catalunya [fruto de este catalanismo mestizo] no sería de ninguna manera continuadora de nuestra historia”. Desde una visión más actual, Josep Termes escribe en 1983 que “simplemente, el hecho de hablar catalán convierte a un inmigrante, socialmente, en catalán.  Sea cual sea su origen o color de piel”. Esta última visión, que parece coincidir con la de Pujol, parece ser la que más ha prevalecido dentro del movimiento catalanista hasta el día hoy.

No en vano, el Estatut de 1979, en el artículo 3.1, dice que “la lengua propia de Cataluña es el catalán”, aunque también reconoce la cooficialidad del castellano con la del catalán. En este punto, conviene recordar que, hasta la aprobación de este Estatut, el uso oficial del catalán en las instituciones había estado prohibido. En todo caso, el hecho de señalar una lengua como propia de un lugar parece ser la confirmación del atributo de catalanidad que confiere, al menos desde una perspectiva política.

De vuelta al recinto de La Farga -en Hospitalet- Juan Moreno cuenta que él es “de la capital más bonita de España, de Graná” y mostrando con orgullo su bonito acento sureño –que combina bien con su tez morena- dice que vive en Cataluña desde 1966 y que se siente como un catalán más. Juan no se despega del “niño” para remachar sus frases. María Herrera -una mujer mayor, rubia y de rostro afable- es de Córdoba y está “comodísima” en Cataluña, donde vive desde hace 52 años. Ella se siente catalana y andaluza por igual. Manuel Soriano, bajito y con ganas de hablar, también es de Córdoba y hace 40 años que vive en Cataluña. Manuel, sin embargo, reconoce que le molesta que le hablen en catalán porque “ni lo entiende, ni lo sabe”. Recuerda cuando en la fábrica los jefes hablaban entre ellos en catalán y él no podía seguir la conversación. Tampoco Juan ni María hablan catalán, pero esto no impide que digan sentirse catalanes. Y es que, según el Institut Català d’Estadística, para el 46’5% de los ciudadanos de Cataluña su lengua de identificación es el castellano, para el 37,2% lo es el catalán y para el 8,8% lo son ambas.

De las estadísticas, podría desprenderse la existencia de una cierta división entre la Cataluña castellana y la catalana. En una entrevista exclusiva, el Ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, opina que “aunque hubo un momento en el que había como dos Cataluñas, hoy creo que podemos hablar de una sola Cataluña, donde ya el origen pierde importancia, menos para los fanáticos. La prueba de esa realidad de fusión la evidencia hoy, quizás mejor que nadie, el máximo representante de Cataluña, su presidente, un inmigrante. Una persona que vino de Andalucía y que hoy ostenta la máxima representación de una institución con más de 650 años”. José Montilla es el actual presidente de la Generalitat y, como muchos catalanes, de origen cordobés, ya que nació en la localidad de Iznájar. A los dieciséis años emigró a Cataluña y se afilió al PSC (Partit dels Socialistes de Catalunya).  Fue alcalde de Cornellá de Llobregat, después Ministro de Industria y finalmente presidente de la Generalitat. El propio Montilla ha declarado que “[a los inmigrantes] nadie nos regaló nada, pero tampoco nadie nos negó nada”.

Pero Montilla tampoco está exento de críticas relacionadas, en mayor o menos medida, con su condición de inmigrante al frente del Govern. Desde Cataluña, en el programa de sátira política Polònia, de TV3, son continuos los gags sobre el catalán imperfecto del President. Otros le han criticado una supuesta deriva nacionalista. En televisión, en el programa Tinc una pregunta per a vosté, de TVE, Montilla –en condición de presidente de la Generalitat- se dirigía en catalán a ciudadanos de Cataluña que le preguntaban en castellano [vídeo]. Sobre este asunto, Corbacho opina que “Montilla reflejaba a nivel institucional lo que es normal en la calle, la utilización indistintamente del catalán y el castellano” y apunta que “Montilla no es una persona dogmática en ese sentido”.

La historia de Celestino Corbacho no es muy diferente a la de Montilla, y tantos otros catalanes. Nació en 1949, en una población de Badajoz, en Valverde de Leganés. Su padre era campesino. A los 13 años emigró a Barcelona, para reunirse con dos hermanos que ya se habían ido antes. Comenzó como aprendiz en una imprenta mientras vivía en una habitación de alquiler, con cuatro personas (dos eran sus hermanos). Entró en política en 1976, cuando se afilió al PSOE, y en 1994 fue elegido alcalde de Hospitalet de Llobregat. El gran salto lo dio en 2008, cuando el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, lo designó Ministro de Trabajo e Inmigración. A pesar de trabajar ahora en Madrid, dicen personas cercanas al entorno del Ministro que cada fin de semana va a Hospitalet. Corbacho sabe bien qué es ser un inmigrante, porque él lo es, o lo fue. Por eso, quizás, en La Farga, aquellos que migraron hace cuarenta años de Andalucía a Cataluña lo sienten como a un igual. Alrededor del Ministro, una multitud quiere abrazarle, darle besos, hablar con Corbacho, el ahora el Ministro y antes alcalde de la ciudad. Él los atiende pacientemente, uno por uno.

Para Corbacho la fiesta de Andalucía representa “la fusión entre la Cataluña de hoy, la real –matiza-, y aquella otra Cataluña que vino hace 30 o 40 años. Que no vive de nostalgias pero que, en cambio, se reencuentra en el día que conmemora volver a sentirse, y ser, del pueblo andaluz. La fiesta de Andalucía también es la fiesta de la Cataluña real”. Quizás recordando su origen extremeño, Corbacho puntualiza que “Más allá de que la fiesta oficial de Cataluña sea el 11 de septiembre, Cataluña tiene muchas fiestas. La de todas esas realidades que han hecho rica a Cataluña”.

La celebración acabó con bailes de sevillana. Hombres y mujeres moviendo sus manos al paso de una guitarra flamenca. Pero aquella mañana, en La Farga había sonado el himno de Els Segadors. Un coro rociero cantó Bon cop de falç y un millar de personas nacidas en Andalucía lo escucharon como si fuera el suyo propio. Después, una colla de castellers extendió la bandera andaluza y catalana unidas. El público se puso en pie y aplaudió con fuerza el gesto de hermandad.

Cuando el párroco, Enric Canet, subió al escenario, reconoció haberse sentido emocionado. Después dijo que “además de a los andaluces, tampoco hay que olvidar a los marroquís, ni a los paquistanís, ni a los latinoamericanos…”. El público entonces murmuró. El párroco había mencionado –más aún, les había relacionado- con los inmigrantes, aquellos a los que se desprecia, se teme y se asocia con delincuencia.

Sergio Uceda

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